La cadena de mando tiene dos sentidos: hacia arriba y hacia abajo. Y saltársela implicaciones diferentes en función del sentido.
Hacia arriba, la cadena de mando es informativa, o consultiva. Esto es, informamos al jefe de aspectos de nuestra responsabilidad que puedan ser de su interés (como avance de proyectos, información de clientes, etc) O bien, le consultamos cómo abordar una de nuestras responsabilidades (consultar cómo ejecutar una tarea entraría dentro de nuestra formación, y se entiende cuando somos nuevos en el sitio o responsabilidad, o máxime cuando la decisión a tomar tenga mayores implicaciones que aquéllas que están delegadas en nuestra persona)
Hacia abajo, la cadena de mando es ejecutiva. Esto es, el jefe delega responsabilidades u ordena tareas.
Creo que si se le llama “cadena” de mando es por su analogía con una cadena, compuesta por todos y cada uno de sus eslabones unidos cada uno directamente al superior e inferior.
¿Qué sucede cuando nos saltamos la cadena de mando?
Saltarse la cadena de mando hacia arriba es “saltarse al jefe”. Y, en determinadas circunstancias, al jefe no va a gustarle.
¿Tiene razón de enfadarse?
En management no hay blancos y negros y no se puede decir “nunca” sin exponerse a caer en demagogia, pretensión o incluso petulancia. Volviendo al enfado del jefe. Si nos saltamos a nuestro jefe, e informamos (o consultamos) directamente al suyo, ¿para qué está él entonces?
No es lo mismo consultar una decisión operativa, que una de calado estratégico. Más sobre esto luego.
¿Y si el jefe no está y hay que tomar una decisión que le atañe? Entonces, ¿es malo saltárselo?
¡Pregunta trampa!
¿Le atañe? O ¿le corresponde?
En mi opinión, no debería suceder a menudo que una decisión que corresponde a un directivo tenga que ser tomada en su ausencia. Y menos hoy en día con las comunicaciones que existen. Si la acaba tomando su jefe, corre el peligro de no estar bien informado y acabar contradiciendo decisiones previas.
En ese caso, habiendo sido agotados los intentos razonables de localizarlo, debemos consultar con su jefe e informar al nuestro inmediatamente de la decisión tomada y sus circunstancias. En esas circunstancias, y sólo en estas, no nos hemos saltado al jefe.
Retomemos aquí por un momento el hilo sobre el calado de la decisión para añadir un par de reflexiones.
Si la decisión que hay que tomar es operativa, cabe la posibilidad que no tengamos bien entendido el equilibrio necesario entre nuestras responsabilidades y nuestra autonomía. No fuera que para lo que queremos al jefe es para que él tome nuestra decisión.
Si la decisión a tomar es estratégica, creo que no debería venir de un par de días tomarla. Andar tomando decisiones de calado estratégico deprisa y corriendo no parece una forma juiciosa de llevar un negocio.
¿Y en el otro sentido?
Saltarse a un subordinado es, como mínimo, indecoroso. Como en todo, dependerá de la frecuencia, modales y estilo con la que se haga.
Una cosa es que, puntualmente, en ausencia (agotados todos los intentos previos de localizarlo) de nuestro subordinado, tomemos una decisión y mandemos informarlo inmediatamente . Otra cosa es tomar decisiones que corresponden al subordinado por costumbre, dejadez, o pereza. O peor aún, “porque Yo soy el jefe “.
Si un directivo se encuentra a sí mismo saltándose a su subordinado a menudo, debería preguntarse quien de los dos tiene un problema. O bien el subordinado no da la talla, o bien no la da el directivo (o ambos).
Saltarse la cadena tiene consecuencias, veamos:
Si me salto al jefe, no sólo doy a entender que su opinión o forma de hacer no (me) vale si no que pongo a su jefe en la tesitura de saltarse a su subordinado.
Si me salto a mi subordinado, no sólo corro el riesgo de tomar decisiones contrarias a las que él ya tomó (operativas, ya que de las estratégicas debería estar informado), si no que además promulgo entre sus demás subordinados que la puerta para hacerlo está abierta.
Todo lo anterior, se puede resumir en que cuando un subordinado o un superior se saltan a un directivo, se pone de manifiesto una falta de confianza (del subordinado hacia el jefe al que se salta , o del jefe hacia el subordinado al que se salta).
Y éste es el problema.
Así, cuando oigamos discusiones sobre si tal se ha saltado a cual; si un subordinado se nos queja de que nos lo hemos saltado, o un directivo se queja de que su jefe se lo ha saltado, todos estos casos ponen de manifiesto una falta de confianza (o respeto, que sería peor si cabe)
